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15.5.14

Mamada Palladiana

Levanta sus crepitantes faldas de seda y ante mí, al fondo de la bamboleante góndola, aparece el coño depilado de mi Cortesana.
Las aguas del canal hacen de espejo turbio y acerado donde los rayos fatigosos del amanecer se diluyen en un rosado impreciso y sucio.
Extraigo mi pene y me concentro en la carnosidad de su vulva.
Frente a nosotros se perfila tenuemente San Giorgio Maggiore.


"Chupa..."
Se acerca gateando sobre la superficie húmeda de la embarcación, con su opulento culo moreno entonando una salve al sol naciente.
Sus labios atrapan mi carne, la traga, la devora y la deglute.
Es la mejor mamadora de Venecia, la Cortesana imposible de pagar. Su chulo espera impaciente en el embarcadero.
Noto su lengua trabajando viscosamente en mi glande, la sensación es resinosa y húmeda.
Atrapo su cabeza asiéndola por el pelo y mis convulsiones anuncian una corrida intensa y copiosa. San Giorgio Maggiore está preciosa... Me corro mientras mis ojos atrapan la estampa de sus muros blancos como lienzos de muerto.
La Cortesana traga, traga con esfuerzo toda la leche que inunda su boca, su garganta, su traquea, incluso su esófago...

Ya no recuerdo más, tan solo el escozor de la hoja de la navaja del chulo rasgando mis costillas. 

15.4.14

Me derramó sus flores de abril

Salí a dar un paseo sin rumbo fijo para despejarme un poco y porque la mañana estaba radiante. Me senté en una terraza a tomar un café, contemplar el paisaje primaveral con flores por doquier y ver pasar gente, me divierte observar como caminan, oír retazos de charlas que luego completo con mi propio argumento, en síntesis a pasar el tiempo relajada. 

En esas estaba cuando me llamó la atención una pareja que estaba unas cuantas mesas más allá, al sol, (seguro bronceándose pues les hacía falta) y leyendo el periódico, cada uno absorto en las páginas que tenían en las manos. Como siempre me fijé más en él, por supuesto, delgado sin ser flaco, unas hermosas manos con dedos largos y uñas bien cuidadas, cabello castaño claro, piel muy blanca como ya dije y una sonrisa divina motivada por algo que leyó y me derritió de inmediato. Se me olvidó el resto de la gente, me concentré en ellos y empecé con mis elucubraciones de rigor. ¿Serán novios?, ¿amigos?, ¿hermanos? No, como van a ser hermanos, no conozco los primeros que salgan a leer el periódico en una terraza al aire libre y en esas se disiparon mis dudas, ella le habló algo que no entendí y le dio un beso en la boca, ya estaba claro, eran pareja, pero no me importó, seguí embelesada mirándolo hasta que se dio cuenta que lo observaba. Al principio no me prestó atención, pero después de cuando en cuando levantaba su vista del periódico para dirigirla hacia mí, a la segunda vez le sonreí descaradamente y se puso colorado como un tomate, jajajaja me encantó esa aparente timidez. A la quinta vez que volvió a mirarme decidí actuar y corrí mi silla para que me viera de frente, por fortuna me puse falda esa mañana, así que podía hacerle el cambio de luces directamente. 

Él ya no se concentraba en lo que leía, su atención estaba puesta en otra mesa, la mía. Me excitaba el nerviosismo que se le notaba a leguas, haciendo hasta lo imposible por mirarme sin que la mujer se diera cuenta. Me agaché y empecé a subir mi dedo índice lentamente por mi pierna, a él se le hacía agua la boca, al llegar a mi rodilla lo introduje por la cara interna de mis muslos y volví a sonreírle; su mujer volvió a hablarle y yo pedí un jugo de fresa. Siguieron leyendo y yo observándolos hasta que nuevamente se fijó en mis piernas cruzadas y en mi gesto insinuante, así que descrucé las piernas y las fui abriendo lentamente, saqué un cubo de hielo del vaso y lo empecé a deslizar por mis muslos, él ya no podía disimular y para nuestra fortuna su mujer se levantó de la mesa, al quedarse solo se descaró y me hizo gestos para que le abriera más las piernas; cuando se percató que no llevaba ropa interior, noté como su mano volaba hasta su polla que empezaba a crecer vertiginosamente. El frío del hielo y su tremenda erección provocaron que se desbordara mi mar, me chupé los dedos mirándolo fijamente mientras él metía su mano dentro del pantalón, imaginé el calor y la dureza de su polla y metí mis dedos en mi coño empapado, se deslizaron con suavidad haciéndome estremecer, él seguía mirándome y frotando su polla, yo no vi nada más, perdí el sentido cuando llegué al orgasmo. 

Al recuperarme ella se dirigía hacia su coche y él pedía la cuenta, llegó una vendedora de flores y le compró un ramo, al pasar junto a mí las dejó sobre la mesa y me dijo en un susurro: -Te espero aquí el próximo domingo a la misma hora, vendré solo.-

17.3.14

Paseo

Me dice mi Amo:
Hoy toca salir de paseo mi adorada perrita.
Voy por la calle. Desnuda. A cuatro patas. Sujeta a una correa que termina en tu mano. La gente me mira, se ríe, cuchichea. Tú caminas distraído leyendo un folleto sobre residencias caninas. Un hombre te para y pregunta por mí, por mi raza. Le contestas que no tengo pedigree que me encontraste en la calle. Acaricia mi melena mientras te felicita por tener tan bello ejemplar. Yo agradezco la caricia lamiendo su mano. Continuamos el paseo. Me llevas hasta el tronco de un árbol. Estoy bien educada y levanto la pierna para orinar. Me limpias con un papel y ladro satisfecha. Te sientes feliz con tu perra y desechas la idea de llevarme a la residencia canina del folleto. Miras mis lomos morenos y las tetas colgando.

De repente alguien te saluda. Es una mujer. A su lado su perro. Mi Amo se acerca a ella y la besa. Hablan, ríen. El perro se acerca a mi culo y me huele. La mujer tira de la correa y lo retira. Siguen hablando. Ella es muy hermosa. Te pregunta si deseas cruzarme con su dálmata.
Entonces notas un tirón de la correa y ves mis ojos lagrimosos. El perro exhibe un miembro enorme y descapullado y tira de la correa de su Ama para acercarse a mí. Ríen al vernos. Le contestas que sería una buena idea pero que ahora tienes prisa. Quedan para verse de nuevo. Ella te da un beso de despedida y a mí una caricia en mi lomo. Entonces giro la cabeza y la muerdo. La mujer retira su mano instintivamente y tú tiras de la correa para alejarme de ella. Me recriminas lo que he hecho y con la correa azotas mi culo mientras la mujer intenta quitarle importancia al incidente. El dálmata observa la escena con su polla medio desenfundada, olisqueando mi coño. Me sujetas por la barbilla y me dices que estás muy disgustado. Una especie de medio aullido sale de mis mandíbulas. Te disculpas con la mujer y le aseguras que me castigarás como es debido. Ella me mira, levanta el pie y acaricia con la punta de su zapato mi coño. Te dice que no es bueno tenerme tan salida, que eso hace que mi comportamiento no sea adecuado y que tal vez su dálmata pudiera aliviar esa circunstancia. Su insistencia para cruzarme con su perro te irrita y le contestas que te gusto así de salida, que mi abstinencia me mantiene atenta y obediente. Ella no insiste y después de despedirse se va calle abajo con su dálmata arrastrando su polla inerte.

Entramos en una cafetería. Te sientas. Me tumbo a tus pies. El camarero se acerca y toma nota de lo que deseas. Te pregunta si quieres algo para mí. Le pides un plato con un poquito de agua. Al cabo de unos minutos vuelve con un café y el plato de agua. Lo pone delante de mí y acaricia mi melena. Le devuelvo la caricia lamiendo sus dedos y bebo del plato con mi lengüecita atrapando pequeños sorbos de agua.


Está muy bien enseñada te dice el camarero, yo tengo una igual, un poco más blanca pero de la misma estampa, continúa diciéndote. Le dices que eres muy afortunado. Se da media vuelta y se aleja. Al cabo regresa con una galleta en la mano. Se agacha hacia mí y me la muestra en su palma. Te miro, busco tu aprobación. Mueves la cabeza afirmativamente y con mis labios la atrapo con glotonería. Tiene un bonito culo dice el camarero mientras ve como devoro la galleta. Puede tocárselo si quiere, le contestas. No lo duda y pasa su mano por entre mis nalgas. Yo levanto el culo y abro las piernas. Ahora es un dedo el que recorre la hendidura de mis nalgas hasta que encuentra el orificio y me penetra. Gimo levemente....


Me sujetas la cara y me besas mientras el camarero introduce un segundo dedo. Tengo tus enormes ojos a milímetros mientras el tercer dedo busca mi hueco para seguir a sus compañeros. Ves la expresión de dolor en mi rostro. El camarero te mira buscando tu aprobación para introducir mas carne en mi culo. Una lágrima resbala por mis mejillas y decides que ya he pagado suficientemente mi galleta y le pides al camarero que extraiga sus dedos. Lo hace y se retira confuso y excitado.

Me arremolino a tus pies. Sientes mi calor en tus tobillos. 
Fuera comienza a llover y piensas en mis patitas mojándose. 
Llamas por el móvil a un taxi y me dices: ¿Te gusta mi perrita? Te adoro.

10.3.14

Secreto de Confesión

Ya he repetido hasta el cansancio que estoy de vuelta del bdsm, pero eso no significa que mi arteria sumisa no siga latiendo...

Hace poco alguien me sedujo con su voz y casi sin darme cuenta, una orden suya me hizo erizar de la cabeza a los pies, y aunque en principio me rebelé y hasta me reí y puse todos los reparos que pude, al final terminé obedeciendo y sometiéndome a sus deseos.

-¿Hace cuánto no te confiesas?
-¿Perdón?
-Que cuanto tiempo hace que te confesaste por última vez...
-Risas, mejor dicho, carcajadas, hasta que se me saltaron las lágrimas.

Cuando me recompuse y asimilé que su pregunta iba en serio, le contesté que no me confesaba desde tiempos inmemoriales, que ya ni lo recordaba.

-Bien putita, esta semana irás a confesarte. Pero llevarás vestido o falda e irás sin bragas.
-Hace frío para ir vestida así.
-Lo sé, pero así irás vestida, puedes ponerte medias o unas mallas finas, pero es la única concesión que te hago.
-Sí, Señor.
-Así me gusta putita, que seas obediente, es lo que más me gusta de ti, que tratas de rebelarte, pero tu docilidad te supera.
-¿Y qué le confieso al cura?
-No he terminado de decirte qué más llevarás puesto.
-Dime.
-Además llevarás unas bolas chinas en el culo.
-Mis bolas chinas no son anales.
-Ya te apañarás.
-Sí Señor.

Me dio las indicaciones y además, me dijo que debería informarle de lo sucedido a través de un post, también me envió a mi correo la imagen que debía insertar, porque según dijo, estaba benevolente y no me exigía una foto como prueba ya que yo le había demostrado que soy de fiar.


Aunque en un primer momento pensé en comprarme unas bolas chinas anales, opté mejor por el dildo que tengo y estuve varios días practicando en casa para sentirme más cómoda cuando fuera a la iglesia.

Unos días antes averigüé el horario y me pasé varias noches desvelada pensando en si sería capaz de hacerlo. "¿Pero tú de qué vas?", me repetí mil veces. "Ni siquiera le conoces personalmente, no sabes nada de Él, ¿a cuento de qué tienes que hacer lo que te ordenó?". Pero luego me imaginaba arrodillada en el confesionario sometiéndome a su voluntad, o volvía a oír los audios con su voz, e irremediablemente terminaba masturbándome hasta que el coño me escocía.

Decidí ir por la mañana.
La iglesia estaba prácticamente desierta, sólo un par de ancianas rezaban ante la imagen de un Cristo. Murmuraban tan bajito, que no logré identificar la letanía que repetían.
Me arrodillé en el confesionario y cuando el cura dio un par de golpes a la ventana empecé a confesarme.

-Perdóneme padre porque he pecado.
-¿Hace cuánto que no te confiesas?
-Desde que era adolescente padre.
-Cuéntame tus pecados hija.
-Soy ninfómana padre, quiero follar siempre o masturbarme a todas horas.
-Tu pecado es la lujuría hija.
-Sí padre, ese es mi pecado. De hecho, ahora mismo me estoy tocando y llevo un dildo metido en el culo.
-Contrólate hija, si vienes a la casa de Dios para que Él te perdone tienes que mostrar arrepentimiento.

Me había quitado las medias y comenzado a masturbarme tan pronto empecé a confesarme, así que cuando el cura dijo que me controlara, ya no era dueña de mí, mis dedos hurgaban frenéticos en mi coño y mis jugos chorreaban por la cara interna de mis muslos, mi placer iba in crescendo, hasta que exploté en un orgasmo que me hizo gemir sin ningún recato.

-Padre he vuelto a pecar.
-¿Estás arrepentida?
-No padre.
-Entonces no puedo perdonar tus pecados. Ve con Dios.

Salí de allí creyendo que mis piernas no me sostendrían en pie, temblaba como una hoja al viento y ni siquiera fui capaz de ponerme las medias. Cuando llegué a casa me saqué el dildo del culo, le hice una foto y se la envié con un mensaje corto: "Ya lo hice".

No hemos vuelto a hablar del tema, de hecho hace días que no hablamos, pero te prometí que cumpliría Tu orden y te informaría mediante un post, aquí tienes fe de ello.

3.3.14

Asociación de Ideas

Las aguas serenas del remanso, bajo una fronda de estrellas /
Las aguas serenas de tu boca, bajo un matorral de besos

-Federico García Lorca-

A mitad de camino en el viaje de nuestra vida,
desperté para encontrarme en un bosque oscuro,
porque me había salido del camino recto.

-El Infierno de Dante-

Llego al fin a este punto
en que recordé mi pasión.
Y me di cuenta de que yo
he sido como un ciego
que no le teme a la oscuridad

-Yosana Akiko-




Siempre estoy asociando cosas que no tienen nada que ver unas con otras...

Generalmente no uso ropa interior, es un gusto aprendido que me quedó de cuando practicaba juegos D/s, así que según la posición en la que me encuentre, sé perfectamente la respuesta de mi coño a un determinado estímulo. Percibo su resequedad o si está muy húmedo, la textura de esa humedad, su olor; y si estoy en celo o paso de todo, aunque la verdad sea dicha, casi siempre estoy en celo.

Ayer estaba limpiando la nevera y me agaché para sacar un par de verduras que ya estaban para tirar, fue entonces cuando lo sentí; me llegó nítido el olor de mi coño pidiéndome macho, exigiéndome que fuera follado inmediatamente, pero no pude complacerlo en el acto, creo que por eso se me vinieron a la mente dos ideas.

La primera: Pensé en TI.
La segunda: Te asocié con Giovanni Malloy y maldije por no tenerte a mi lado...

31.1.14

Mi Incubo

Llevo varias noches soñando lo mismo...

Te veo atado en mi cama, eres tú, estoy segura, no tanto porque tu cara la vea con claridad, pero tus manos sí, eso me confirma quien eres, con esos dedos largos, delgados y de uñas cuidadas, así de nítido es mi sueño.

Me pides que te desate pero no accedo, te tengo a mi merced y eso te tiene muy excitado, tu polla la veo dura como un riel, el capullo a punto de reventar y verte así me pone a mil.
Empiezo a besarte de pies a cabeza pero quiero lo que es sólo mío, lo que sólo yo disfruto, y como deseo tomarlo de inmediato, te volteo. Centro la luz de la lámpara en tu culo, advierto un leve temblor, sabes que no te haré daño pero aún así siempre te asustan los preliminares. Separo tus nalgas y me extasío contemplando tu ojete que palpita, dejo caer un hilo de saliva en él para lubricarlo y luego aplico mi lengua con movimientos circulares, eso te vuelve loco y te hace olvidar lo que viene.

Paso mi lengua de tu ojete a tus huevos alternativamente, chupo, succiono, lo disfruto, mmm...! que rico está. Empiezo a masajearlo con un dedo y a introducirlo lentamente, relájate, así, no te haré daño.
Aflojas y mi dedo se introduce entero, entra y sale con suavidad así que intento con otro, ya son dos los que ocupan tu culo, mientras los introduzco recorro tu columna vertebral con mi lengua hasta llegar a tu boca, me gusta besarte mientras te follo con mis dedos.

Voy por un dildo y le aplico bastante lubricante, vuelves a poner carita de susto, así que te beso nuevamente y te doy a probar mis dedos mientras muy despacio voy introduciendo el dildo, me gusta sentir el sabor de tu culo en tu lengua y siento algo salado, una pequeña lágrima ha resbalado hasta tu boca. ¿Te hice daño amor? No, es la sensación inicial. Sigo besándote y mordisqueando tu oreja mientras el dildo ocupa tu culo, nuevamente te excitas y mi coño ya está empapado, así que te volteo nuevamente y te suelto la mano derecha.

Me monto sobre ti a horcajadas y me meto tu polla de golpe, la siento fría y eso me excita más si cabe, me emputeces, me pones más salida, empiezo a cabalgarte y te ordeno que me metas un dedo en el culo, entra sin dificultad y al sentirlo no aguanto más, me corro sobre ti como una perra en celo, y siento como tu leche me inunda.
Metes tu dedo en mi boca, me besas y susurras muy quedo: Así, así, mi putita, por eso TE ADORO...


Pero anoche fue distinto, no quedé rendida y exhausta como las otras veces, quería más, necesitaba chupar tu polla, sentir tu lengua hurgando en mi coño, tus dientes mordiendo mis pezones, tus manos apretándome toda, tu frío fundiéndose en mi calor, mi deseo por ti era tal que no pude contenerme y abrí los ojos para implorarte que me follaras nuevamente...

Y entonces te vi, por una fracción de segundo, pero te vi, huías presuroso por mi ventana, no eras un sueño, no eres un mito, ERES REAL. Todas estas noches estuviste aquí, en mi cama, me poseíste y gozaste mi cuerpo como el que más; y ahora que te he visto, que te conozco, que he sentido tu polla helada dentro de mí... ¿Volverás?

23.1.14

El Proyecto

Tus alumnos y compañeros de trabajo están convencidos que trabajas juiciosamente en un nuevo proyecto educativo que revolucionará la forma de dictar clases hasta ahora; es lógico que piensen eso, pues excepto los fines de semana, te ven asistir a la biblioteca diariamente y muy puntual de dos a cinco de la tarde.

Siempre te sientas en la mesa más alejada que encuentras, la que está cerca del rincón del fondo; como ya corre el rumor de la materia de tu estudio nadie se atreve a sentarse cerca para no importunarte; tienes el portátil a tu disposición sobre la mesa, la conexión Wi-Fi lista y en los estantes los libros que el bibliotecario considera que puedes necesitar; todo está en orden y como lo deseas.

Encuentras su mensaje titilando en la pantalla y sonríes al ver ese "TE ESPERO..."

Ella cierra sus ojos e imagina tus labios carnosos devorándola de pies a cabeza, hundiendo tu lengua en su boca, comiéndole el cuello, mordisqueando sus pezones, jugueteando con su ombligo mientras empiezas a meterle los dedos. Su entrepierna está caliente y la siente húmeda, se muere de ganas porque metas tu rostro ahí y te dejes empapar por sus fluídos.
Sigue fantaseando con tu polla, piensa que la tienes tan dura como la desea y a punto de reventar, que te tiene tan excitado que sin darle tiempo a nada le des la vuelta y se la metas por detrás, y, que a un ruego suyo, hasta algún dedo también le metas en el culo, para que ella se corra más y mejor.
Sus dedos se hunden frenéticamente en su coño el cual está empapado, pero tan hinchado y abierto que hasta le duele.

Sus ojos están vueltos en blanco y los párpados le pesan mientras un gemido escapa de sus labios, las piernas le tiemblan, se apoya en el estante de la biblioteca y un libro cae justo en el preciso momento en que siente un lengüetazo en su espalda, se gira con la respiración entrecortada y se pierde en tus negros ojos...

16.10.13

Ahogo

No puede respirar y siente que se le va la vida...

A su alrededor sólo existen la oscuridad y el ahogo, ese ahogo que cada vez es más insoportable. Si por lo menos pudiera tomar una pequeña bocanada de aire, pero no, el aire no llega y la oscuridad no cesa. Está completamente desorientada, ¿cuánto tiempo ha pasado? No lo sabe, pero le parece que ha transcurrido una eternidad.
En su aquí y ahora apenas siente la pesada asfixia que lo envuelve todo; aunque también hay algo más, un sabor que le resulta familiar, que tiene grabado en su memoria como marca de hierro caliente al rojo vivo, sí, es Su sabor...

Por fin la libera, la luz intempestiva la ciega pero se siente aliviada porque puede respirar, tragar algo de saliva y poner polo a tierra. Tiene escasos segundos que apenas le permiten tomar nueva provisión de aire y contemplarle a lo lejos para ver sus ojos fijos en ella.

Otra vez la oscuridad, el ahogo y Su sabor...

Pero ahora es distinto, entra en juego otra sensación, una muy diferente a lo que ella conoce hasta ese momento. ¡Dios mío! -piensa- ¡Me estoy muriendo!
Nunca antes había sentido ésto, debe ser lo que llaman el breve espacio en que el alma abandona el cuerpo. Se siente liviana, casi etérea y sus piernas se agitan sin poderlas controlar. Siente una caricia a la cual no está acostumbrada y por tal razón no puede precisarla en su mente.

Él bebe de sus jugos como un sediento perdido en el desierto que acaba de encontrar un oasis, su oasis. Nunca antes la había tenido así, totalmente entregada a su lujuria recién descubierta, dejándose hacer, abriendo su coño hermoso y sonrosado sólo para él. Su lengua se aplica a proporcionarle más placer, desea que goce tanto como él viene haciéndolo desde hace unos meses, quiere darle más, necesita seguir, pero un fuerte tirón de sus cabellos se lo impide.


Vuelve a respirar y no es consciente de si realmente estuvo muerta, tal vez sí, pero eso ya no importa, ahora lo único que vale la pena es que Ella, su Dueña, siga gozando mientras cabalga sobre su cara y por eso se esmera en satisfacerla hundiendo su lengua hasta tocar Su fibra más íntima.
Ella grita, gime, y Sus fluidos le bañan boca y nariz durante Su prolongado orgasmo. Entonces le vuelve a ver a lo lejos, está echado en un rincón como lo que es, y tan quieto y silencioso como si no estuviera allí.

Se le ilumina la cara con una sonrisa maliciosa. Esta vez su Dueña dispuso premiarla a ella y que fuera él, Su perrito, quien se quedara con las ganas...

10.10.13

Ana María

Contrario a lo que pudieran pensar quienes me conocieron o creyeron conocerme, mi último pensamiento en aquella aciaga madrugada fue para ti.

Recuerdo el temblor que me estremeció de la cabeza a los pies cuando vuestro hermano me enseñó una foto tuya, y luego, cuando posteriormente recibí las cartas mediante las cuales me invitaban a pasar la Semana Santa en vuestra casa, no cabía en mí de gozo, tanto, que escribí a mis padres: “Mi gran amigo me invita espléndidamente. He recibido una carta de su padre, notario de Figueras, y de su hermana (una muchacha de esas que ya es volverse loco de guapas) invitándome también, porque a mí me daba vergüenza de presentarme de huésped en su casa. Pero son una clase de familia distinta a lo general y acostumbrada a vida social, pues esto de invitar gente a su casa se hace en todo el mundo menos en España. Él tiene empeño en que trabaje esta semana santa en su casa de Cadaqués y lo conseguirá, pues me hace ilusión salir unos días a pleno mar y trabajar y ya sabéis vosotros cómo el campo y el silencio dan a mi cabeza todas las ideas que tengo”. 

Te acompañé a todas las procesiones y misas, no porque fuera católico, que lo soy, sino por el placer de ver el meneo de tus caderas al caminar y oír el repicar de tu taconeo en las calles empedradas. Soñaba con que me adoraras con la misma devoción, verte arrodillada, pero a mis pies.
Fue una semana en la que pasé las noches en vela esperándote en mi habitación, pero nunca llamaste a mi puerta. Y en las mañanas, al ver mis ojeras, sonreías, porque sabías que resignado a mi suerte de no tenerte, había derramado mi deseo por ti en mis manos, ellas habían sido el reemplazo de tu esquivo y ansiado coño.

Pasaron dos años hasta que volví a verte. En cada una de mis cartas te hice saber que seguías presente en mi memoria, que hablar de ti me permitía mantener vivo tu recuerdo, te escribí muchas veces: "Querida Ana María: llevo varios días en Granada y a cada momento tengo necesidad de hacer un retrato tuyo a mis hermanas". "( ... ) Dichosa tú, Ana María, sirena y pastora al mismo tiempo, morena de aceitunas y blanca de espuma fría. ¡Hijita de los olivos y sobrina del mar!". 

En mi segunda visita mi estancia fue más prolongada, eso me permitió terminar de seducirte y lograr mi cometido, necesitaba poseerte, hacerte mía.
A finales de julio con el pretexto de conocer una de las calas más bellas que tenía el lugar, dimos un largo paseo por la playa. Me hablaste de tu sueño de escribir y plasmar en letras la belleza de Cadaqués y la admiración por tu hermano, también me confesaste tus secretos más íntimos mientras el rubor se apoderaba de tus lozanas mejillas y yo te contemplaba extasiado.

Te besé. Un beso largo y profundo. Te dejaste hacer. Mis manos volaban como palomas por tu cuerpo y tú les permitías volar.
Te despojé de tus prendas una a una, la tramontana alborotaba tus cabellos y mis besos erizaban tus pezones, los chupé y mordisqueé disfrutando de ese par de aceitunas que me ofrecías.
Tumbados en la playa recorrí tu piel con mi boca. Tu coño esponjoso se abrió de par en par para mí y te brindé el placer de tu primer orgasmo. Gemías muy quedo para que yo no pudiera oírte, un gemido que ahogaba el ruido del mar, no querías parecer vulnerable ante mí, pero al estremecerte con cada uno de mis lametones no podías engañarme.
Te penetré con un deseo rabioso, que ni las olas del mar que nos bañaban pudo apagar. Susurré a tu oído: -Eres mía, sólo mía- y en ese momento tuve la seguridad que no lo serías de nadie más...

"Canto el ansia de estatua que persigues sin tregua, 
 el miedo a la emoción que te aguarda en la calle. 
 Canto la sirenita de la mar que te canta 
 montada en bicicleta de corales y conchas... 

 No mires la clepsidra con alas membranosas, 
 ni la dura guadaña de las alegorías. 
 Viste y desnuda siempre tu pincel en el aire 
 frente a la mar poblada de barcos y marinos."

No volví a verte, pero siempre estuviste en mi pensamiento, desde aquella vez tu recuerdo no me abandona, y a esta hora, cuando son las 4:45 de la madrugada del 18 de agosto de 1936, sigue aquí, conmigo...


Nota: Anna Maria cultivó la mística del recuerdo lorquiano retenido en su casa de Es Llané. Ella aseguraba que oía la fulgurante risa de Federico; el eco de sus bromas, de "increíble y sorprendente ingenuidad", y su voz "bella y totalmente inolvidable".

2.10.13

Más alto

“Más alto, quiero más altura”

-Eminencia ¿Cuánto más alto?-, responde con temor el maestro de las obras.
-Quiero que se vea desde México

Recorro estas parduscas tierras a las que las nieblas no abandonan jamás. Las cepas blancas por la helada se retuercen como doloridas. Que lejos estoy de ti. Que lejos estoy de mi obispado de Yucatán. Las torres de la portada siguen subiendo y subiendo. Hace ya cinco años que me alejé de ti.

Podrías hacer recaer sobre nosotros, Señor, todo el rigor de tu justicia, porque hemos pecado contra ti y hemos desobedecido tus mandatos; pero haz honor a tu nombre y trátanos conforme a tu inmensa misericordia.

No tuve reparos ni prejuicios para hacerme contigo.Utilicé el método más rápido y efectivo. La confesión. Tu confesión. Arrodillada a mi lado ibas dándome las armas para poseerte, te llevaba más y más adentro en una trampa certera.


Conseguí que los pecados de la carne fueran los únicos que me relataras y los únicos para los que te arrodillabas piadosamente a mis pies.
Y las penitencias iban menguando.

-¿Has tocado esta semana tu sexo, Antífona?
-Sí padre
-¿Has pensado en el miembro del hombre entre tus piernas hija?
-Si Padre
Tus ojos negros como la tierra que nos acogía y de la que eras hija brillaban a la luz de los candelabros.
-¿Deseas a tu confesor Antífona?
Y tú mano entraba entre mis ropajes púrpuras para encontrar mi miembro caliente…
-Sí Padre…
-Recibe pues tu penitencia…- y atrapando tu oscura melena mestiza metía tu cabeza entre mis piernas para que saciaras mi deseo y el tuyo.


Como superior vuestro os ordeno que volváis a vuestras tierras. Regresad a Castilla por el bien de vuestra alma y de la Santa Madre Iglesia.

Eras la portadora de una de las mayores dotes del Virreinato. Un regalo suculento para el que había ya pretendientes poderosos y de gran linaje. Nuestras prácticas secretas dejaron de serlo y la conveniencia de apartarnos llegó hasta el Consejo de Indias.

Gustabas de rezar a última hora de la tarde, cuando la luz de las velas apenas iluminaban las inmensas naves de mi catedral. Te arrodillabas en uno de los bancos más ocultos, en el transepto, frente a la capilla de María Magdalena, la prostituta. Y en susurros comenzabas tus salmos:

1:5 Morena soy, Oh hijas de Jerusalén, pero codiciable
      Como las tiendas de Cedar,
      Como las cortinas de Salomón.
1:6 No reparéis en que soy morena,
      Porque el sol me miró.

Oía el monótono recitar. Por él me guiaba entre las sombras de las naves, hasta encontrarte, mi oscura mestiza.
Entonces en un baile milimétricamente ensayado y repetido yo me situaba detrás de ti, elevaba tu cintura, apartaba las sedas y lienzos que ocultaban tu culo, aferraba mis manos a tu cintura y profanaba tu coño con suavidad.
Continuabas con tus letanías mientras tu esponjado sexo atrapaba mi miembro más y más adentro, con ardiente intensidad, incrementando el ritmo de las embestidas y entrecortando tu voz, y con ella los rezos.
Te sentabas en los lóbregos bancos de madera y abriéndote para mí, todavía jadeante me increpabas:

4:16 Venga mi amado a su huerto,
        Y coma de su dulce fruta.

Mi lengua te poseía, te adoraba, te martirizaba, te deleitaba, te consumía en el pecado. Cada volumen carnoso lo chupaba con la esperanza de darte más placer,  más gozo. El olor del incienso se mezclaba en mi nariz con el de tu vulva hinchada.

Y cuando llegábamos al culmen recitabas aquello que yo te había hecho aprender:

6:3 Yo soy de mi amado, y mi amado es mío.

Y abrías la boca para recibir mi esperma blanco y caliente. Recobrábamos el aliento abrazados el uno al otro sin querer preguntarnos nada, sin hablarnos.

Perdí mi obispado y con él te perdí a ti. Ahora con el oro que amasé construyo esta catedral perdida en este páramo con la esperanza de que… tal vez, un atardecer mientras camino por sus espacios en penumbra, logre oír tu letanía mestiza. Por eso elevo las torres, para que las veas desde México, mi amada.


Nota:
Fray Antonio Alcalde, obispo de Yucatán y Guadalajara donó gran cantidad de oro para levantar la Iglesia de Santiago en Cigales.
Expresó su deseo de que las torres se vieran desde México. No se ha comprobado que no se vean.
Las torres se divisan desde una gran distancia.

27.9.13

Silenciosa

"Retirado en la paz de estos desiertos,
Con pocos, pero doctos libros juntos,
Vivo en conversación con los difuntos,
Y escucho con mis ojos a los muertos."
Francisco de Quevedo

Bombeo sangre como las plantas clorofila a sus hojas. Diríase que tu silueta acciona el semillero de mis huevos, germinando en mi polla. Enredaderas azules ascienden por el talle de mi miembro.

Bombeo sangre tan generosamente que me asusto, ¿de dónde procederá este caudal hemoglobínico? me pregunto asombrado.

Crecerá hasta el rigor. Lo tengo constatado. Pero contigo temo por las válvulas que controlan tan biológica función. ¿Y si no cesa de crecer? ¿Puede el deseo hacer descarrilar la naturaleza?

Pero ni el asombro ni la angustia impiden homenajearte. Tu foto son pixels en una pantalla, impulsos binarios, efervescencias lumínicas; son todo eso y algo más.

No voy a descubrir el "algo más". Eso es privado. Pero es lo que convierte una paja en un acto de devoción, una corrida en una ofrenda de deseo, un alivio en un acto de desesperación.

Te miro, para descubrir secretos en tu cuerpo. Y mientras, me deleito practicando la arqueología en tu bajo vientre, dibujando las rutas por las que una lengua pudiera navegar sobre tu piel, calculando la resistencia de tu coño al penetrarlo.

Duro. Duro mi miembro y duro no sentirte. Ya sé como acabará todo. No hace falta consultar el oráculo. Y quiero, y no quiero.


Abres la liviana tela negra como invitándome a mirarte por última vez antes de sacrificarme en leche. Y sí, claro que te miro. Te miro con lascivia, te coloco los adjetivos más sucios que encuentro, los más rastreros, los más bajos... mi puta, mi adorada puta....
¿Dime qué quieres? pronuncio en el silencio, vamos puta, ¿dime qué quieres? Y a cada sílaba que pronuncio mi espalda se va arqueando y mi culo se vuelve bronce.

Nunca contestas, te encanta el silencio, déjarme hacer.

Pero...cerré los ojos. Y en la oscuridad sentí tus manos agarrando mi cabeza llevándola hasta tu vientre, arrastrándola tirando de mi pelo hasta tus sombrías posesiones y una vez allí, apretándola hasta ahogarme, oí tu voz licuada... "Dame la leche de tu polla cabrón, dame lo que fermenta en tus huevos... dáselo a tu puta...."

Pasó un segundo o toda una eternidad, no lo sé.
La luz volvió. Con ella la consciencia.
Regresó el aire a mis pulmones, vi mi mano convertida en una copa rellena de blancuzco licor,  me dolía la espalda y mi polla era una fragua abandonada.

Tu foto seguía en la pantalla. Silenciosa. Acerqué mis labios..... Besos que no llegan a ninguna parte.

19.9.13

Esmeralda, Rosa, Inma o María, su nombre me da igual

"Gire a la izquierda"

Podría girar a la izquierda pero no. Me gusta volverla loca. Ya sé que a ella no le gusta. Que se descontrola y que la obligo a consultar a más de un satélite mi posición....

¡¡Pero me gusta tanto jugar con ella!!

"Manténgase en el carril de la derecha"... 
No acaba de decidirse a tutearme.

Yo creo que es tímida. Cierto es que nos conocemos desde mi cumpleaños, hace ya tres meses, y que con tal periodo de tiempo deberíamos haber pasado al tuteo pero... me sigue tratando de usted.
Y eso le da un encanto de niña-bien, educada en colegio francés. (De hecho a veces cambio el idioma solamente por el gusto de oír su voluptuosa vocalización francesa)

"Esté atento, desvío a cien metros"

La autovía esta desierta a las tres de la tarde de un jueves cualquiera.

Con dificultad extraigo mi polla del pantalón.

"Desvío próximo, atención a su carril"

No está dura pero tiene la gordura perfecta para masajearla a gusto.

"Desvío, gire a la derecha"

¡Mi bella acompañante... que bien me pajeas!

"Atención, atención, gire inmediatamente a la derecha"

Ya, ya.... si sé que te gusta ponerle picante a mis pajas, ¡¡¡zorrilla!!!

"Debe girar a la derecha... ¡ya!"

ya... pero que ansiosa eres... siempre ese deseo de mi leche...

"Aminore la velocidad para incorporarse al carril de salida"

¿Ahora quieres que aminore? ¿ahora que tengo la polla a explotar? Serás viciosa.... ¿no quieres que acabe, verdad?

"Reposicionando...."

Reposiciona mi guarrilla... mi lasciva guía de tráfico... reposicióname la polla... venga así....

"Reposicionando..."

Sí.... repóllate... sí.... ahora..... reposiciónate que te la estoy metiendo en todo tu carril de entrada..... siiiiiiii

Acierto con mi corrida en medio del rombo de mi Renault. Es una habilidad que he ido adquiriendo a medida que aumentaban mis pajas al volante.

"¿Desea introducir un nuevo destino?"

Pero qué insaciable eres... Acabo de terminar una paja y ya me estás pidiendo más sexo. Bueenooo... pero un destino distante para que me calientes bien con esa voz que tienes de pelandusca.

"Su destino ha sido memorizado. Circule durante 40 kilómetros, sin salirse. Repito, sin salirse..."

Uffff... me vas a destrozar cariño... ¿Qué haría sin ti?

6.9.13

Lot

Tras la destrucción de Gomorra y Sodoma tan solo queda un hombre, Lot, al que acompañan sus dos hijas.
Deseosas de tener descendencia emborrachan a su padre y fornican con él durante dos noches.


"Lot y su hija" de Albrecht Altdorfer, 1537
Museo Kunsthistorisches de Viena.

Escúchame bien y con atención hermana, apenas hay tiempo para divagaciones o dudas, el sol se esconde y debes ir presta a su encuentro.
Ayer forniqué con nuestro padre, una y otra vez hasta dejarlo inerte. Hasta vaciar el esperma de sus testículos. Así debe ser y así será esta noche contigo.

Empapa su conciencia de vino, rellena su copa con premura y enciende sus lúbricos deseos con la visión de tus púberes pechos, con el roce de tu cabello en su polla, con palabras obscenas y sucias.

Mira hermana como refulgen las llamas de Sodoma en el horizonte, ningún macho sobrevivió a la cólera de Dios. No hay hombres que engendren descendencia en nuestros vientres, salvo nuestro padre.
¿Crees hermana que cuando el instinto de la procreación muerda tus entrañas escaparás al dolor? ¿Que hallarás en tu limitada vida, alimento para esa alimaña que buscará tus mamas?

Llena tu vagina con su esperma, no dejes de sonreírle mientras copula sobre ti enloquecido por el placer, susurra a su oído las aberrantes bacanales que protagonizaban los sodomitas, atrápalo con mil sortilegios hasta que llene tu coño de ese líquido pastoso y vivificador.

No temas sus babosas palabras, sus manos endebles en tu cintura, sus labios saciándose en tu entrepierna. No temas cuando le llegue el llanto, ni cuando la duda o el arrepentimiento hagan peligrar la empresa; no temas si menciona a Dios y su cólera, o si el vino le hace escupir sobre ti mil maldiciones e insultos.

Abre tus piernas para encajarlas en su torso como una araña asesina a su presa, y no le sueltes, hermana.
Llegará la mañana y abandonarás su lecho sucio de vino, espumarajos, vómitos y semen abandonado.
Pero, hermana, contigo llevarás la vida y la descendencia de los hombres, de la humanidad...

26.8.13

La débil

¡TE AMO! Y él le creyó, siempre le cree lo que ella le dice.

Sí, sí, ya sé que lo decía de corazón, que así lo sentía cada vez que pronunciaba esa pequeña frase cuando le miraba a los ojos, pero entonces ¿por qué se dejaba comer el coño de otro hombre sin oponer la más mínima resistencia?

-No me folló...
Me contestaría ella con su mohín de labios rojos y poniendo esa carita de niña ingenua y a la vez traviesa que sólo ella sabe hacer.


-Vamos a ver, me cuentas que te comió el coño, que te besó, que te acarició entera, que te metió mano por todas partes, que se la chupaste levemente, pero como no te penetró, ¿eso significa que no pasó nada?

-Creo que sí, así me lo parece; al no haber penetración no hay nada.
Además, yo le dije que era muy puta y él me contestó que no, que simplemente era débil.

9.8.13

Una noche decembrina

No me llamó la atención cuando lo conocí, no es mi tipo…

Me gustan los hombres mayores que yo, de tez blanca o por lo menos más clara que la mía, acuerpados, incluso hasta gorditos, pues me gusta acariciar barriguitas y me imagino que es mi Buda particular para poderle pedir todos los deseos que se me antojen. Este sólo tenía a su favor que sabía bailar, conocíamos muchos lugares comunes y me hacía reír, además era paciente y como dice el adagio popular: La paciencia vence lo que la dicha no alcanza.


Así que a pesar de dejarle claro desde el primer momento que no estaba disponible para algo diferente a una simple amistad, (cosa poco probable entre sexos opuestos) él siguió insistiendo, llamándome dizque a saludar y haciéndome invitaciones de todo tipo. La última fue dos días antes de mi vuelta aquí, algo así como una salida de despedida.

–Hola Laura ¿quieres ir a ver los alumbrados? 

–Ya los vi. 
–Pero no conmigo, respondió.
 

Después de un pequeño tire y afloje terminé aceptando su invitación y pasó a recogerme a las 7:00 P.M. Me quedé sorprendida cuando lo vi bajar de un taxi que nos esperaba. 

-¿Vamos en taxi? 
–Sí, te dije que conmigo verás los alumbrados desde una perspectiva diferente. Vamos a la estación Industriales del Metro.

No había tanta gente como creí, teniendo en cuenta que era el último fin de semana que están encendidos los alumbrados navideños, y su idea era recorrerlos caminando a lo largo del sendero del río. Nos divertimos muchísimo, bebimos como cosacos, comimos obleas con un arequipe delicioso, asistimos a los conciertos improvisados de artistas callejeros, posé para que me pintaran el retrato de rigor el cual no quedó ni parecido y cuando pensé que el paseo había terminado me dijo: 

-Ahora viene la sorpresa que espero te guste.

Fuimos a la línea K del Metro, es decir, al MetroCable. A esa hora estaba casi desierta y nos advirtieron que pronto terminaba el turno, contestamos que sólo haríamos el recorrido de ida y vuelta sin descender de la cabina. Me senté pegada a él con el pretexto de que me asustaba la altura y le pregunté cuanto tiempo demoraba el recorrido, me dijo que 40 minutos. El paisaje era impresionante, quedé fascinada con esa obra de ingeniería que le cambió la vida a ese sector deprimido de la ciudad, las modestas casas se veían hasta bonitas y ni que decir de la cantidad de luces que alumbraban la noche. 



Estaba absorta disfrutando la vista cuando sentí que me besaba el cuello, pero en vez de ponerme digna y zafarme o hacerle algún reproche, me dejé hacer… 
Sentí su lengua recorriendo mi cuello con suavidad muy lentamente, de inmediato me mojé y no pude resistirme a su avance. Buscó mi boca y hundió su lengua hurgando con afán, entrándola y sacándola como si me penetrara, asió mi lengua y empezó a chuparla con deleite, yo me entregué al placer que me provocaba y abrí mis piernas para darle fácil acceso a mi coño que estaba empapado. Él acariciaba mis muslos, su mano derecha ascendía ansiosa buscando humedecer sus dedos en mis jugos, en esas estaba cuando el vagón se detuvo en la primera parada de las tres que hace en su recorrido. Nadie entró y las puertas volvieron a cerrarse, el siguió, yo jadeaba, le suplicaba que no se detuviera, se daba cuenta que me tenía a mil. Mi mano buscó su polla que estaba dura como un riel, con maestría bajé su cierre y la saqué, ya estaba descapullada e impregnada de esa babita transparente que me encanta, así que no me contuve y me agaché para chupársela. La sentí caliente y con un sabor alcalino, se estremecía cada vez que la hundía en mi garganta, me ahogaba, pero lo disfruté muchísimo, hacía tanto que no chupaba una polla así, con tantas ganas…

En la segunda parada tampoco entró nadie y el miedo a ser descubiertos nos excitó más, me levanté bruscamente lo que hizo que la cabina se bamboleara, levanté mi falda y le ofrecí mi coño empapado para que lo lamiera a su gusto, su lengua lo recorrió entero, chupó mi clítoris, hurgó en todas mis oquedades y me hizo literalmente tocar el cielo con las manos. Luego me besó para que probara mi sabor en su boca y siguió hundiendo sus dedos en mi coño hasta que llegamos a la tercera parada, ya no aguantábamos más, estábamos a tope. Esta vez ni siquiera reparamos en si había gente o no, lo único que nos importaba era sentir como su polla me follaba el coño con fuerza, y así lo hizo. Cuando me penetró pensé que iba a sacarme por el vidrio de la cabina, las luces giraban, mis piernas temblaban, sólo oí sus gemidos y perdí el sentido mientras me corría como una perra en celo.

5.8.13

Apuesta

"...Y ahora que estoy frente a ti parecemos, ya ves, dos extraños... Lección que por fin aprendí: ¡cómo cambian las cosas los años!"

Miénteme si lo deseas, pues habrá mejor motivo para ello que el saciar la mandíbula voraz que te devora por las ingles. Pero miénteme.
No habrá noticias mías hasta el Lunes. Miénteme, te repito, pero no acudas a mi piedad. Es demasiado suculento el premio como para desperdiciarlo. Mientras te escribo acaricio mi polla que se engorda con tu abstinencia, con tu deseo constreñido, con esa imposición absurda y vanal con la que te fustigas voluntariamente en pago de una apuesta perdedora. Me pajeo, quiero que lo sepas, que me huelas, que imagines mis huevos apretándose justo antes de explotar en leche.
Antes de escribirte y mandarte un beso quiero que sepas que me habré corrido y no será la última vez hasta el Lunes.
Voy a saturarme de sexo, de corridas y eyaculaciones y en cada una de ellas pensaré en tu coño necesitado, boqueante como un pez agónico, encharcado sin remedio.
Voy a correrme... ¿y tú?.
Miénteme, esa es tu opción.
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Un beso


Hoy estoy tanguera, oyendo al polaco Goyeneche, a Susana Rinaldi y como no, a mi preferida Adriana Varela.

No estoy triste, ni sentimental, ni nada que se le parezca, al contrario, estoy más salida que otros días... Hice una apuesta y perdí, como soy fiel a mi palabra, hasta tanto él no me autorice a dejar brotar mi mar, lo tendré a buen resguardo a pesar de las llamadas, invitaciones y hasta sueños eróticos que he tenido, pero eso es harina de otro costal.

Ya sabes, me tienes con unas ganas locas, pero sé contenerme, así no lo parezca.

Mientras tanto escucho uno de mis tangos favoritos, si te apetece pulsa sobre el título y escúchalo también. Como dos extraños