Ya he repetido hasta el cansancio que estoy de vuelta del bdsm, pero eso no significa que mi arteria sumisa no siga latiendo...
Hace poco alguien me sedujo con su voz y casi sin darme cuenta, una orden suya me hizo erizar de la cabeza a los pies, y aunque en principio me rebelé y hasta me reí y puse todos los reparos que pude, al final terminé obedeciendo y sometiéndome a sus deseos.
-¿Hace cuánto no te confiesas?
-¿Perdón?
-Que cuanto tiempo hace que te confesaste por última vez...
-Risas, mejor dicho, carcajadas, hasta que se me saltaron las lágrimas.
Cuando me recompuse y asimilé que su pregunta iba en serio, le contesté que no me confesaba desde tiempos inmemoriales, que ya ni lo recordaba.
-Bien putita, esta semana irás a confesarte. Pero llevarás vestido o falda e irás sin bragas.
-Hace frío para ir vestida así.
-Lo sé, pero así irás vestida, puedes ponerte medias o unas mallas finas, pero es la única concesión que te hago.
-Sí, Señor.
-Así me gusta putita, que seas obediente, es lo que más me gusta de ti, que tratas de rebelarte, pero tu docilidad te supera.
-¿Y qué le confieso al cura?
-No he terminado de decirte qué más llevarás puesto.
-Dime.
-Además llevarás unas bolas chinas en el culo.
-Mis bolas chinas no son anales.
-Ya te apañarás.
-Sí Señor.
Me dio las indicaciones y además, me dijo que debería informarle de lo sucedido a través de un post, también me envió a mi correo la imagen que debía insertar, porque según dijo, estaba benevolente y no me exigía una foto como prueba ya que yo le había demostrado que soy de fiar.
Aunque en un primer momento pensé en comprarme unas bolas chinas anales, opté mejor por el dildo que tengo y estuve varios días practicando en casa para sentirme más cómoda cuando fuera a la iglesia.
Unos días antes averigüé el horario y me pasé varias noches desvelada pensando en si sería capaz de hacerlo. "¿Pero tú de qué vas?", me repetí mil veces. "Ni siquiera le conoces personalmente, no sabes nada de Él, ¿a cuento de qué tienes que hacer lo que te ordenó?". Pero luego me imaginaba arrodillada en el confesionario sometiéndome a su voluntad, o volvía a oír los audios con su voz, e irremediablemente terminaba masturbándome hasta que el coño me escocía.
Decidí ir por la mañana.
La iglesia estaba prácticamente desierta, sólo un par de ancianas rezaban ante la imagen de un Cristo. Murmuraban tan bajito, que no logré identificar la letanía que repetían.
Me arrodillé en el confesionario y cuando el cura dio un par de golpes a la ventana empecé a confesarme.
-Perdóneme padre porque he pecado.
-¿Hace cuánto que no te confiesas?
-Desde que era adolescente padre.
-Cuéntame tus pecados hija.
-Soy ninfómana padre, quiero follar siempre o masturbarme a todas horas.
-Tu pecado es la lujuría hija.
-Sí padre, ese es mi pecado. De hecho, ahora mismo me estoy tocando y llevo un dildo metido en el culo.
-Contrólate hija, si vienes a la casa de Dios para que Él te perdone tienes que mostrar arrepentimiento.
Me había quitado las medias y comenzado a masturbarme tan pronto empecé a confesarme, así que cuando el cura dijo que me controlara, ya no era dueña de mí, mis dedos hurgaban frenéticos en mi coño y mis jugos chorreaban por la cara interna de mis muslos, mi placer iba in crescendo, hasta que exploté en un orgasmo que me hizo gemir sin ningún recato.
-Padre he vuelto a pecar.
-¿Estás arrepentida?
-No padre.
-Entonces no puedo perdonar tus pecados. Ve con Dios.
Salí de allí creyendo que mis piernas no me sostendrían en pie, temblaba como una hoja al viento y ni siquiera fui capaz de ponerme las medias. Cuando llegué a casa me saqué el dildo del culo, le hice una foto y se la envié con un mensaje corto: "Ya lo hice".
No hemos vuelto a hablar del tema, de hecho hace días que no hablamos, pero te prometí que cumpliría Tu orden y te informaría mediante un post, aquí tienes fe de ello.








Cuando
terminamos me dejó tirada con el cuerpo engarrotado hasta el punto de
dolerme, el coño como un mar, la cara empapada en sudor y con ganas de
más..




