Que nos perdonen febrero, mayo o septiembre y
los restantes meses, por no esperarlos con el entusiasmo y alegría con
la que añoramos el resto del año al mes de DICIEMBRE!!!!
Sé que hay muchas personas que odian esta época navideña, pero en mi caso desde el 1 de noviembre empiezo la cuenta regresiva para que se enciendan los alumbrados; probar la natilla y los buñuelos de todas las casas; ir a las marranadas y comer chicharrón hasta hartarme; jugar a los aguinaldos (pajita en boca, el beso robado, al sí y al no, etc.) para recibir miles de regalos porque me los gano todos. Obviamente también me gusta regalar, ver los juegos pirotécnicos, me encanta la fiesta, los villancicos, beber casi a diario sin ton ni son porque estamos en diciembre y el 16 empezar la Novena de Navidad. -Porque el que peca y reza empata-
Mientras me embeleso con
cada pesebre que veo en casa de amigos y familiares, pienso que esta vez
el Niño Dios si me hará el milagrito que pido, aunque debería
conformarme con una de las aspiraciones de la novena: ¡Oh Divino Niño, ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios!
Pero esas fueron otras épocas, este año no miraré alumbrados, no comeré natilla y buñuelos, ni jugaré a los aguinaldos, ni se vivirá en mi casa ninguna de las tradiciones navideñas de antaño, porque como dice el refrán: "A donde fueres, haz lo que vieres".
Ni siquiera creo que este año reciba algún presente y seguramente me pasará como a los que esperan regalos de Papá Noel, ya que este año el señor Noel se descarrió y no creo que se acuerde siquiera que tiene que pasar por estas tierras a introducirse por las chimeneas, él encontró otros huecos más calienticos, húmedos y suaves donde meterse y quien sabe cuando saldrá de ahí...
Para los incrédulos aquí les muestro la prueba, pues no hablo por hablar.