Desde que vi en facebook una antigua foto suya en la que estaba etiquetado no paro de empaparme de todo lo suyo, visito su perfil a diario para curiosear en sus cosas, que a mi modo de ver es para lo único que sirve esa red social, pero he de decir que no me ha servido mucho pues es muy reservado. También he leído algunos de sus artículos, descargué un video en el que aparece dando una pequeña entrevista, en fin, todo lo que la red pueda proporcionarme de él creo que lo he visto. Pero lo mejor de todo es tener el inmenso placer de sentirlo otra vez cercano, parte de mí, como antes, como siempre...
Y sí, cada vez que leo sus correos o coincidimos en el chat me emociono casi hasta las lágrimas. Lo único malo es que la palabra escrita es demasiado fría y a veces se presta a malos entendidos, o mis sentimientos me juegan una mala pasada y me dejo llevar por ellos. Es cuando me sucede lo inevitable, cierro mis ojos y veo los suyos mirándome fijamente, esos inmensos ojos verdes clavados en mí, escudriñando cada pliegue de mi piel, desnudándome el alma con esa mirada limpia y sincera que a pesar del tiempo transcurrido sigue intacta, la misma mirada que me perdía y me pierde ahora.
Precisamente ahora que dejé mis juegos hace meses, que me centré en mi vida de ama de casa ejemplar, que estaba por creer que me había muerto en vida, aparece él llenándolo todo para darme la posibilidad de viajar en el tiempo y transportarme a la hora de salir a recreo para encontrarlo, de volver a sentir la misma ansiedad cada vez que miro el reloj.
El otro día cuando chateábamos me dijo que estaba muy liado y no quise importunarle, así que me despedí rápidamente:
"-Chao, besitos
-¿besitos?
-jajajaja bueeeeno, un beso, de los de siempre
-otro beso para ti, de los de nunca..."
Tuvo que explicarme a qué hacía referencia, ese día estaba espesa y lenta, muy lenta.
Desconecté y me quedé un buen rato pensando en él, en su beso de los de nunca...
¿Cómo sería nuestra relación ahora si alguna vez me hubiera besado? ¿Si venciendo su timidez adolescente se hubiera atrevido a ser más que mi amigo? ¿Si además de risas y charlas interrumpidas por la campana del colegio, hubiera pasado la frontera?
Imagino su primer beso de entonces...
Sería un beso temeroso, de esos que te dan y das con miedo, ese beso donde apenas se rozan los labios y no sabes a qué atenerte; en el que te consume la excitación pero no te atreves ni abrir la boca para empezar a explorar su lengua con avidez. Seguramente me hubiera quedado de piedra y no me hubiera atrevido a corresponder su beso para que no pensara mal de mí. Hubiera sido un beso de quinceañera de esos que se guardan para siempre en la memoria.
¿Y ahora? ¿Cómo será su primer beso?
Esta vez gozaré su beso como debe ser. Me acercaré a él como quien no quiere la cosa, oleré su cuello, le recorreré con mi nariz desde su frente, sus mejillas, nariz, hasta llegar a sus labios; me detendré allí y también los oleré, pasaré la punta de mi nariz por sus comisuras, luego la punta de la lengua y empezaré a abrirme camino, al sentir su lengua buscando la mía le dejaré hacer, mi boca estará entre abierta esperándole, sentiré como su lengua explora, la pasa por encima de mis dientes, por el interior de mis mejillas, sobre mi lengua y es ahí cuando le devoraré, aprisionaré su lengua y empezaré a chupársela como si fuera su glande, sentiré como mi mar empieza a desbordarse y su deseo por mí a manifestarse en el interior de su pantalón.
Será entonces el momento de retirarme, no está bien que una dama se entregue así no más en la primera cita...
Me encantan los besos porque son el preludio de la excitación, son el camino que te señalan el placer que es inminente, con un beso sabes si valdrá la pena follarle, si te esculca la boca puedes estar segura que te rastreará hasta tu más profunda oquedad.
"Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso, ¡qué soledad errante hasta tu compañía!" Pablo Neruda