13.6.13

La Sesión

Esta semana hablando con un amigo por facebook, me preguntó qué me gustaba. Le respondí que dormir. Él rió y a su vez me contó sus gustos, me fijé en que somos muy afines, sobre todo en lo que al sexo se refiere, pero, ¿a quién no le gusta el sexo?

Luego en su perfil observé que además de lo que me dijo, también le gustan los juegos de rol; eso me ha estado dando vueltas en la cabeza por estos días y me hizo acordar de mi época sumisa, así que esta vez plasmo aquí el recuerdo de una de mis sesiones, pero a través de los ojos de mi Amo por ese entonces...


Conecto los altavoces y dejo el despacho en penumbra. Las veinte horas, entro en el messenger.
A mi espalda y sobre la cabeza un pequeño icono bizantino del siglo V d.C., un capricho arrancado a base de comisiones.

"Hola..." parpadea la pantalla.

No respondo, me gusta tenerla en tensión unos minutos. Es como obtengo la cocción exacta de su libido.

"No te toques, no te muevas, no hables" escribo en el teclado.

Abro mi agenda y repaso la semana. Me desabrocho la corbata y me aflojo el cinturón.
La pantalla no da señales de variación ninguna. Siempre ha sido muy obediente.

"Debes aprender a permanecer a mi disposición..." vuelvo a teclear.
Noto mi polla hinchándose. Siempre reacciona estupendamente ante sus muestras de sumisión.
Me fijo en el amplio sofá blanco del despacho, recuerdo como celebré mi ascenso follando con una puta sobre él.

"Conecta tu micrófono" y al instante oigo su lejana respiración. De momento es calmada, profunda.
Bebo un sorbo, subo los pies a la brillante mesa de ébano y me recuesto sobre el sillón.
Me desabrocho los pantalones. Extraigo mi engordada polla.

Conecto mi micrófono.
"¿Me oyes?"
"Si Señor..." responde
"¿Estas excitada?"
"Si..." dice lánguidamente
"¿Quieres masturbarte verdad?"
"Sí, lo deseo..." afirma sin dudarlo
"Hoy no te vas a correr, voy a masturbarme y tú no podrás hacerlo"
No responde, se hace un silencio cargado, tenso.
"¿Me has oído?" la pregunto
"Sí, Señor..."
"Ahora permanece en silencio e inmóvil..."

Cierro los ojos y mientras mi mano trabaja con experiencia mi miembro, la imagino quieta, silenciosa, sumisa.
Me corro arropado por el sonido arrullador de su respiración sumisa.
Es justo en ese momento cuando la siento más mía que nunca, cuando la adoro, cuando la poseo como nadie la poseerá.

"Me has complacido, te felicito...." y desconecto el messenger.

12.6.13

De la noche a la mañana

"El amor sabe mejor sobre la cama
pero se te apaga el sol cuando se marcha
y cuelgas los ojos en la ventana
y vives de a poco.


Y se detiene el tiempo en tu cara
y se te acaba el cuento de hadas
y se te mueve el piso, el cielo y no sabes ni como te llamas.


Y sientes que la virgen te habla
sientes que el silencio te embriaga
y quieres gritar y gritar y gritar y no encuentras palabras
y cuelgas los ojos en la ventana
y vives de a poco..."

10.6.13

La Llamada

Me encanta llamarlo y volverlo loco, loquito perdido porque no sabe qué hacer...

Y cuando me escribe diciéndome "Ayer no te podía coger. La tenía al lado. Por eso te pido que no me llames. Porque no puedo estar contigo y además me pones en una situación incomoda. No ganamos nada, ni tú ni yo; como dicen los chavales, no mola, y aquí estamos para lo que estamos." me pone a millón; más caliente si cabe de lo que ordinariamente estoy; y el coño empieza a chorrearme, me vuelvo agua con sólo cerrar los ojos e imaginarlo con ganas de mí y sin poder darle rienda suelta al deseo que lo consume.

Luego de leer su reproche sonrío maliciosamente y vuelvo a llamarlo.
Como la vez anterior su móvil timbra varias veces hasta que salta el buzón. Insisto. Esta vez ignora mi llamada pues luego del primer timbre suena ocupado.

Cierro mis ojos y veo la escena...

Podrías haberme cogido el teléfono y haberme dicho que en ese momento estabas sentado en el sofá y que tu mujercita te estaba comiendo el nabo mientras tú le metías los dedos. Entonces te hubiera exigido que me la pasases y le diría algo así como "zorra, no hagas que se corra o te las verás conmigo. Tu marido es ya sólo mío. Saca tu sucia boca de su polla".
Y ella me contestaría muy envalentonada por la situación: "de eso nada, monada, ahora que no estás me voy a aprovechar, le voy a comer bien la polla, como te he visto hacerlo a ti y me voy a sentar encima y cabalgarle hasta que se corra..."

Al contestarme así me llenaría de ira y le ordenaría que te pasase el teléfono y te preguntaría qué haces. A lo que tú me responderías turbado "yo, nada, esperar a que termine de hablar contigo".
-Pues que espere. ¡Escucha! Y empiezo a chupar mis dedos, a meter el mismo ruido que si te estuviese lamiendo el miembro..."mmmm, mira, es mi boca la que te está comiendo la polla, menéatela, vamos, pajéate, mira, que ahora la pongo entre mis tetas, mis tetas grandes y carnosas; no como las de tu mujer, míraselas, son pequeñas, están caídas; mis pezones son grandes, los de ella no, compáralas, eso es, la tienes ya entre mis tetas y yo te la apachurro con ellas, y a la vez te la como, escucha..." y haría nuevos ruidos con mi boca, mientras tú te pajeabas.
Entonces tu mujer comenzaría a sospechar lo que ocurría, te querría quitar la mano para sentarse encima tuyo, y yo ordenándote: "no dejes que se te siente encima, estás conmigo, con la polla entre mis tetas, te la estoy comiendo, te vas a correr en mis tetas, vamos, córrete ya, córrete ya, en mi boca...", nuevos ruidos, tu mujer cada vez más insistente y tú que te corres escuchándome...

Ella desiste de su empeño. "¡Pásamela!" "¿Has visto zorrita? Se ha vuelto a correr conmigo y ahora a distancia; no tienes nada que hacer y cuando volvamos a vernos las caras no tendrás dónde esconderte. Vete preparando. Y ahora pásamelo otra vez".
"Bueno amor, un beso y vete a limpiar, que seguro que has puesto todo perdido".
"Un beso señora mía".

Si, si todas mis llamadas pudieran ser así, merecería la pena hablar un poco más por teléfono con él. Tendré que replanteármelo.

7.6.13

Para la insuperable Cortesana



Encomienda de San José, Río de la Plata:

¿Os acordáis, hace siete años, en París, en 1745? Yo era el joven jesuita español que asustado presenciaba como el maestro Boucher os pintaba.

Madame de Pompadour me había acogido entre sus elegidos, yo era casi un virrey, el próximo general de los jesuitas en el Río de la Plata, un territorio rico y plagado de encomiendas virtualmente libres del poder de su católica majestad. Un príncipe de la iglesia al que agasajar y colmar de regalos y caprichos.

La anfitriona recostada en unos enormes cojines reía y corregía al pintor, sugería el escenario y proponía posturas sugerentes y lascivas a la modelo.
Yo, incómodo en aquella recámara secreta e impropia para un hombre de iglesia, miraba de soslayo lienzo y cuerpo.
Diderot, divertido con la escena escribía refiriéndose al cuadro "...una bellísima espalda, unas hermosas nalgas, que invitan al placer y lo hace con la actitud más fácil, la más favorable..."

"¿Desaís masturbaros padre?, tumbaros a mi lado, vamos, no temáis..." y agarrándome por la muñeca me llevó a su lado. Levantó mi sotana y acarició mi sexo con la destreza de la amante del Gran Luis.
"Mirad las nalgas de la odalisca, mirad sus carnes accesibles... dejaos hacer..."

Miraba la escena mientras Madame Jeanne-Antoinette me masturbaba plácidamente, al mismo ritmo que el pincel reproducía vuestro culo, susurrándome las más sucias obscenidades hasta que eyaculé recostado sobre sus pechos inmensos, turgentes y perfumados.
Boucher y Diderot reían a grandes carcajadas mientras vos y Madame Pompadeur os fundíais en un beso satisfecho y cómplice.

Dos años después, un agente de la Compañía de las Indias me entregó vuestro envío, un lienzo cubierto y oculto. Le firmé un recibo en el que se especificaba que había sido entregado sin descubrir su interior.
Desprendí su envoltorio en la penumbra de mi celda, a resguardo de los ojos de mis hermanos, allí, disfruté de nuevo como antaño de vuestras carnes y presencia.

Por siempre, vuestro.

3.6.13

La infiel

Todavía no le ha sido infiel a su marido...

Ella tiene clara la definición de Infidelidad: Dícese de la relación extra matrimonial con coito incluido. Así de simple, si no hay coito, no hay infidelidad.
En su léxico también tiene clara otra definición y es la de Amante: Persona (en su caso hombre, porque nunca se ha planteado la posibilidad de una relación lésbica) con la que se mantiene una relación extra matrimonial con coito incluido, que dura más de seis meses.

Así las cosas, por ahora su actual matrimonio está a salvo.

Caso contrario ocurrió cuando estuvo casada anteriormente. De hecho desde el principio se esperaba que en cualquier momento le fuera infiel a su primer marido, porque ella era mucho más joven que él, tenía en su piel la lozanía que da la juventud, era una chica independiente, arrolladora y siempre entraba pisando fuerte a cualquier sitio que llegaba. Eran otros tiempos.

En los largos veinte años que estuvo casada con él sólo tuvo un Amante, aunque sí le fue infiel muchas veces.

Lo conoció en la oficina y desde que lo vio la primera vez pensó para sus adentros: "A éste me lo devoro enterito" y por eso no podía disimular la sonrisa cada vez que se encontraban, incluso cuando él muy serio acudía a su despacho por alguna asesoría puntual y al verla sonreír pensaba en voz alta: "Doctora es que como usted entiende de leyes todo lo ve muy fácil, pero las medidas sancionatorias las adopto yo en sitio y no me puedo dar el lujo de meter la pata". Y ella lo dejaba que siguiera pensando que a la lectura del expediente obedecía su cálida y provocadora sonrisa.

Hasta que llegó el día en que un roce llevó a una caricia, y la caricia llevó al beso, y el beso a otra caricia más íntima, y ésta al deseo incontrolable de devorarse mutuamente de pies a cabeza...

El primero de sus encuentros de amor tuvo lugar en el mejor motel que había en la ciudad por aquél entonces; no estaban nerviosos, o por lo menos no lo aparentaron; y desde el primer momento supieron que no era su primera infidelidad para ninguno de los dos, pero sí que ésta no sería una más...

Su relación de amantes duró dos años, en los que se sintieron subidos a una montaña rusa permanentemente. Un lapso en el cual los fines de semana y los días de fiesta eran insoportables, donde el día empezaba realmente cuando cruzaban sus miradas en el pasillo o encontraban alguna notita de amor furtiva entre los expedientes, o cuando él se pasaba de atrevido y escribía sobre su escritorio "Mulata mía" y ella sentía que se volvía toda agua, que se derretía en ese mismo instante.

Pero así como empezó un día sin previo aviso, de igual manera acabó. Basto una discusión tonta para que no volviera a llamarla, para que dejara de encontrar sus notas entre sus papeles y para que cualquier día volviera a tratarla de "Doctora", ese día ella comprendió que había dejado de ser su Amante para volver a ser su compañero de oficina.

Después de él le fue infiel a su ex muchas veces, pero no hubo más amantes, ninguno logró hacerla estremecer hasta el punto que él lo logró. Los años fueron consumiéndola lentamente como a una vela y ya su llama no fulge con la misma intensidad de antes.

Ahora languidece al lado de su actual marido, teniendo la certeza que su matrimonio está a salvo...