“Más alto, quiero más altura”
-Eminencia ¿Cuánto más alto?-, responde con temor el maestro de las obras.
-Quiero que se vea desde México
Recorro estas parduscas tierras a las que las nieblas no abandonan
jamás. Las cepas blancas por la helada se retuercen como doloridas. Que
lejos estoy de ti. Que lejos estoy de mi obispado de Yucatán. Las torres
de la portada siguen subiendo y subiendo. Hace ya cinco años que me alejé
de ti.
“Podrías hacer recaer sobre nosotros, Señor, todo el rigor de tu
justicia, porque hemos pecado contra ti y hemos desobedecido tus
mandatos; pero haz honor a tu nombre y trátanos conforme a tu inmensa
misericordia.”
No tuve reparos ni prejuicios para hacerme contigo.Utilicé el método más
rápido y efectivo. La confesión. Tu confesión. Arrodillada a mi lado ibas
dándome las armas para poseerte, te llevaba más y más adentro en una
trampa certera.
Conseguí que los pecados de la carne fueran los únicos que me relataras y
los únicos para los que te arrodillabas piadosamente a mis pies.
Y las penitencias iban menguando.
-¿Has tocado esta semana tu sexo, Antífona?
-Sí padre
-¿Has pensado en el miembro del hombre entre tus piernas hija?
-Si Padre
Tus ojos negros como la tierra que nos acogía y de la que eras hija brillaban a la luz de los candelabros.
-¿Deseas a tu confesor Antífona?
Y tú mano entraba entre mis ropajes púrpuras para encontrar mi miembro caliente…
-Sí Padre…
-Recibe pues tu penitencia…- y atrapando tu oscura melena mestiza metía
tu cabeza entre mis piernas para que saciaras mi deseo y el tuyo.
“Como superior vuestro os ordeno que volváis a vuestras tierras. Regresad
a Castilla por el bien de vuestra alma y de la Santa Madre Iglesia.”
Eras la portadora de una de las mayores dotes del Virreinato. Un regalo
suculento para el que había ya pretendientes poderosos y
de gran linaje. Nuestras prácticas secretas dejaron de serlo y la conveniencia
de apartarnos llegó hasta el Consejo de Indias.
Gustabas de rezar a última hora de la tarde, cuando la luz de las velas
apenas iluminaban las inmensas naves de mi catedral. Te arrodillabas en
uno de los bancos más ocultos, en el transepto, frente a la capilla de
María Magdalena, la prostituta. Y en susurros comenzabas tus salmos:
1:5 Morena soy, Oh hijas de Jerusalén, pero codiciable
Como las tiendas de Cedar,
Como las cortinas de Salomón.
1:6 No reparéis en que soy morena,
Porque el sol me miró.
Oía el monótono recitar. Por él me guiaba entre las sombras de las naves, hasta encontrarte, mi oscura mestiza.
Entonces en un baile milimétricamente ensayado y repetido yo me situaba
detrás de ti, elevaba tu cintura, apartaba las sedas y lienzos que
ocultaban tu culo, aferraba mis manos a tu cintura y profanaba tu coño
con suavidad.
Continuabas con tus letanías mientras tu esponjado sexo atrapaba mi
miembro más y más adentro, con ardiente intensidad, incrementando el
ritmo de las embestidas y entrecortando tu voz, y con ella los rezos.
Te sentabas en los lóbregos bancos de madera y abriéndote para mí, todavía jadeante me increpabas:
4:16 Venga mi amado a su huerto,
Y coma de su dulce fruta.
Mi lengua te poseía, te adoraba, te martirizaba, te deleitaba, te
consumía en el pecado. Cada volumen carnoso lo chupaba con la esperanza
de darte más placer, más gozo. El olor del incienso se mezclaba en mi
nariz con el de tu vulva hinchada.
Y cuando llegábamos al culmen recitabas aquello que yo te había hecho aprender:
6:3 Yo soy de mi amado, y mi amado es mío.
Y abrías la boca para recibir mi esperma blanco y caliente. Recobrábamos
el aliento abrazados el uno al otro sin querer preguntarnos nada, sin
hablarnos.
Perdí mi obispado y con él te perdí a ti. Ahora con el oro que amasé
construyo esta catedral perdida en este páramo con la esperanza de
que… tal vez, un atardecer mientras camino por sus espacios en penumbra,
logre oír tu letanía mestiza. Por eso elevo las torres, para que las veas
desde México, mi amada.
Nota:
Fray Antonio Alcalde, obispo de Yucatán y Guadalajara donó gran cantidad de oro para levantar la Iglesia de Santiago en Cigales.
Expresó su deseo de que las torres se vieran desde México. No se ha comprobado que no se vean.
Las torres se divisan desde una gran distancia.